González Prada siguió de cerca la carrera de Piérola. Casi contemporáneos, habían estudiado en el mismo colegio-seminario pero terminaron adoptando ideas diametralmente opuestas. El primero fue un librepensador, anticlerical y demócrata, mientras que el segundo, un conservador con inclinación clerical y dictatorial, que gustaba de su apodo teocrático de “el Califa” y admiraba a Napoleón III, de quien tomó su estilizada barba y bigotes. Por otro lado, el primero tuvo pocos partidarios, mientras que el segundo encabezó un movimiento de gran escala; el uno era sincero y honesto, que el otro, engañoso y de dudosa honestidad. Para González Prada, el excitador era un bárbaro prehistórico en medio de la civilización moderna, representante de todo lo que se hallaba torcido y deficiente en la historia peruana.

Quiroz, Alfonso W. Historia de la corrupción en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2013. pp. 266-267.

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