Paul Auster contra sí mismo

José María Brindisi escribe sobre los dos nuevos títulos de Paul Auster y el fenómeno de que autores reconocidos como él estén publicando con mayor frecuencia:

Más allá de que lo autorreflexivo y lo metaficcional hayan formado parte desde un comienzo de su proyecto narrativo, hay que decir que desde hace un tiempo Auster ha emprendido dos itinerarios cuanto menos peligrosos, en paralelo a su corpus novelístico que crece a un ritmo nada desdeñable. El primero de ellos tiene que ver con los distintos modos en que viene repasando su vida y compartiéndola con todo el mundo, lo que pone en evidencia que incluso para alguien con un anecdotario interminable y jugosísimo como el suyo determinados resortes terminan de todos modos erosionándose, en particular cuando las distintas versiones de un mismo hecho no dejan de ser, en el fondo y valga la obviedad, la misma cosa. El segundo está relacionado con las presiones editoriales, la repartija de derechos y demás, que acaso lo ha empujado en los últimos tiempos a publicar no sólo una y otra vez los mismos textos sino a discriminar poco y nada lo que vale la pena de aquello que merece olvidarse bien pronto; una suerte de canibalismo del que suelen ser víctimas muchos autores una vez que ya no pueden defenderse -mírenlo a Bolaño, si no, o lo que ya empieza a ocurrir con los papeles ocultos de Salinger-, pero como ya se ha dicho Auster está ahí vivito y coleando, y semejante incontinencia sólo puede entenderse como una suerte de suicidio literario. Si el tiempo se lo permite, Auster logrará trágicamente que sus grandes libros -y hay cuatro o cinco que lo son, el último de ellos es esa obra maestra llamada Leviatán – ocupen una pequeña porción de su obra, casi en silencio.

Todavía no leo Diario de Invierno pero he disfrutado mucho de los anteriores ensayos autobiográficos de Auster. Es cierto que hay temas transversales pero la obsesión por ciertos temas es algo que le pasa a cualquier autor grande o pequeño. No me parece mal que esté publicando varios. En el futuro, estos ensayos serán también una carta de navegación para el resto de su obra y aunque no todos estén a la altura de La invención de la soledad. De hecho, ya se están empezando a editar en conjunto (Collected Prose, Picador, 2005).

Paul Auster está sacando un libro por año más o menos desde el 2002. Que un escritor publique mucho no necesariamente es algo malo. Debe de haber escritores que sacan un libro cada tres o cuatro años porque es lo que efectivamente demora su escritura, pero también hay quienes lo hacen así porque sus editores y el mercado en general le imponen este ritmo espaciado. Cuando se llega a tener los records de ventas de Auster, esas restricciones desaparecen. Creo que lo mismo le pasa a Woody Allen. Claro, no todos sus libros me despiertan el mismo entusiasmo pero creo que es demasiado mezquino decir que su última obra maestra fue Leviatán (1992). En los años siguientes, Auster ha producido libros notables como El libro de las ilusiones (2002), La noche del oráculo (2003), o Invisible (2009) demostrando una evolución constante en su estilo.

José María Brindisi: Confesiones de Invierno (La Nación)

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