La Cautiva como una obra contra la violencia, no a favor de ella

Estoy muy lejos de ser un especialista en teatro pero voy con frecuencia y fui a ver La Cautiva hace varios meses. Fue una excelente puesta en escena, con muy buenos momentos poéticos y hasta musicales. Tengo grabada en la memoria el momento en el que hacen un juego de cintas y la niña pasea como una virgen en procesión. No me sorprendió enterarme de que se trataba de una obra de teatro escrita por un artista visual. Desde mi punto de vista, ese es el aspecto más logrado de la obra.

Creo que la aseveración de que se trata de una obra que hace apología al terrorismo es infundada, si entendemos este delito como la incitación a la violencia o la promoción de cierta ideología violentista. Por el contrario, esta afirmación se sostiene en una lectura parcial y —digámoslo claro— hasta ignorante de la obra. Me explico.

En términos de argumento, La Cautiva presenta a una colección de personajes que ha sido trastornado por la experiencia de la violencia. Así: de la violencia en general. Hay un médico que ya está harto de que le lleguen cadáveres. Hay uno o varios policías que solo pueden entregarse al alcohol y al descontrol para intentar olvidar la violencia en la que viven. En el centro de la narración, están los personajes de la niña muerta y del asistente del médico, quienes por su edad o inocencia están menos acostumbrados a la violencia y que la sufren, discuten y cuestionan durante la obra. En resumen, la obra trata sobre cómo dos jóvenes son víctimas al paso de una violencia política que no iniciaron, que no entienden y de la que no pueden escapar.

Quienes han querido encontrar en la obra un subtexto anti policial o terrorista quizás se han fijado exclusivamente en la forma en la que se representa a las fuerzas armadas. A mi parecer, la obra señala como culpables de la violencia tanto a las fuerzas armadas como al terrorismo. De hecho, se señala que los padres de la niña protagonista eran terroristas y que a causa de eso la niña sufrió mucho: tuvo que crecer con su abuela, nunca tuvo las alegrías de cualquier niña y finalmente murió. 

Entiendo que la obra no es fácil de entender, que tiene monólogos y metáforas que no salen en Al Fondo Hay Sitio y como tantas piezas de ficción ambiciosas resiste muchas lecturas. Sin embargo, me arriesgo a creer que la mayoría de personas que fueron a ver la obra salieron pensando en lo terrible que fue vivir esa época y no precisamente en iniciar una revolución popular en pleno Larcomar.

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