El año que dejé de ir a conciertos

Durante el 2020, no he asistido a ningún concierto en vivo. Quizás el único común denominador de mi vida nocturna de los últimos quince años se desvaneció por completo. He procesado esta ausencia de diversas formas: desde la tristeza hasta la ansiedad que deja tanta energía contenida. He caminado cantando. He bailado en mi casa. Y nunca como este año he reflexionado sobre el lugar que cumplen en mi vida los lugares mal iluminados, la energía de una guitarra eléctrica, y la vaga familiaridad que siento rodeado de extraños gritando.

Siempre se trató de la música. Hay quienes van a conciertos como una actividad social o la ven como perfectamente intercambiable con una discoteca o un bar. Para mí, siempre se trató de ver a la banda en vivo, pararme cerca del escenario para que el ruido haga vibrar mi cuerpo, y apreciar proceso creativo desde su fuente. Hay bandas como los Flaming Lips o Bestia Bebé que son tan buenas en vivo que hacen palidecer a sus registros en disco. Apreciar bandas en vivo me permite entender de dónde viene la música y experimentarla colectivamente, gritarla, bailarla, formar parte de ella.

Pero también tiene que ver con estar rodeado de gente. Gente que no conozco pero con quienes comparto una historia común, una afición, un interés. Pienso en muchos públicos. Pienso en el público de los conciertos de Futuro Incierto en cuyas caras me reconozco, cuyas historias probablemente son muy parecidas a la mía, y que siento como cercanos. Me gusta ver a la gente cantar y que se sepan las canciones de memoria como yo también me las sé. Me gusta cuando alguien se emociona mucho porque tocan la canción que estaba esperando. Me gusta cuando nos confundimos en un baile, en un pogo, en una sonrisa cansada mientras salimos en silencio del local.

Pero es también es una ceremonia privada. Revisar con frecuencia las listas de conciertos. Ir a pequeños lugares que llegué a sentir como propios como el Hensley de Barranco, el Bottom of the Hill de San Francisco, o el Black Cat de DC. Muchas veces solo, algunas pocas acompañado por personas especiales. Comprar una cerveza en la barra. Mirar a la gente llegar, ver su ropa, jugar a adivinar sus vidas. Ponerme a un costado del escenario cuando todo va a empezar, el izquierdo de preferencia. Colocarme los protectores de oído y absorber al máximo lo que pasa a mi alrededor. Cantar las canciones en voz alta, mirar las caras de satisfacción del resto, hacer palmas cuando las piden, reír del banter de las bandas, si la banda me gusta mucho intentar robar la lista de temas, hacer alguna fotografía.

He pensado en el rol que ir a conciertos cumplía en mi vida: en mi equilibrio emocional y energético. Creo que no soy el mismo sin esas madrugadas gritando en un sótano cualquiera, como tampoco lo soy sin los bares o las noches largas con amigos. Pero este año también me ha enseñado que puedo sobrevivir a esa ausencia, puedo adaptarme y puedo cambiar. Extraño mucho mi vida pasada y espero que regrese pronto, pero sé que falta todavía bastante y estoy aprendiendo a disfrutar de otras cosas. Por eso, este post es una larga excusa para compartir algunos videos de conciertos completos que me han acompañado más de cerca esta temporada y me han ayudado mucho. Elijan cualquiera, pónganse una cerveza o un gin tonic y viajen conmigo.

Carolina Durante en La Riviera (2019)

Jeff Rosenstock en el Pitchfork Music Festival (2017)

La Casa Azul en Contempopranea (2017)

LCD Soundsystem en Best Kept Secret (2018)

The National en Best Kept Secret (2018)

Finalmente, he fantaseado mucho sobre cuál será el concierto al que vuelva a ir luego de todo esto y cómo será. Es muy probable que no sea nada muy grande, que sea una banda local, que sea un local pequeño, que importe más la ocasión que la música. Probablemente termine abrazando a algún extraño igualmente emocionado y pensemos sin decírnoslo que esta época fue la pausa antes de ese encore que será la mejor parte del resto de nuestras vidas. Y sonará perfecto.

Foto: Concierto de Carolina Durante en el SO36 de Berlin, Festival Spanish Bombs (2019)

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: